lunes, octubre 31, 2011

Carta abierta a la Policía Nacional

No abundare mas sobre esto, solo queda la rabia que deja la impotencia ante tanto cinismo de nuestras autoridades.


                                                                                                             28 de Octubre, 2011

Detestable policía nacional:

Escribo porque soy un cobarde, porque yo sé que soy un pendejo. Iba escribirles un poema pero tengo miedo que no haya más que sangre los versos. Así que escribo una carta, cosa que nunca he hecho, así que ruego me perdonen si no recuerdo la puntuación y el significado de algunas cosas.

¿Qué se siente balear hombres desarmados? ¿No es acaso bastante el plomo? ¿Por qué también plantar armas y drogas los cuerpos de la gente que asesinan? ¿Qué se siente insultar la memoria colectiva acusando de delincuente a cada sujeto que asesinan? Asesinar siginfica matar, matar en serio, con premeditación, con intención previa de matar, pero no pretendo enseñarles eso, me consta que lo saben, sí, vaya que lo saben, ¿han visto como nuestros periódicos escurren sangre? Perdón, sus periódicos debo decir, porque “nuestros” implicaría al menos que dijeran la verdad. Un presidente asesino dijo una vez que la corrupción se detenía a la puerta de sus despacho ¿dónde se detiene la sangre este pueblo?

Esta vez no conocí al que ustedes hoy le “dien pa abajo”, hoy no es solo su nombre lo que importa; un día perdí la esperanza me volví más frío y desalmado, y ya no trato de entender ni de hablar del amor. Pero hay mucha gente que sí, y deberías oir lo que sienten sobre la policía... y me pregunto ¿Llevan ustedes  al menos la cuenta? ¿Saben que deben anadar por los miles las dominicanas y dominicanos que han matado apenas cincuenta años? Y es una lástima, pues ya no se cómo hablar de ustedes sin volverme un panfleto; y pienso en cosas banales, pregunto ¿Con qué limpian las botas? ¿En serio? ¿Y funciona? Sus uniformes habrá que quemarlos con sus botas, junto al decreto yanqui que los funda, junto a cada piedra del palacio; pero ¿qué haremos con sus manos? La verdad, quiero creer que la mayor parte de la peste se consumirá con el uniforme pero ¿qué haremos, asesinos, con sus manos?

Yo no creo en la inmolación, ni en el martirio, pero en este país quien vive y quien muere siempre lo han decidido ustedes ¿no? Así que una pregunta: ¿qué es lo que tiene alguien con algo que decir...? No, ¿qué es lo que tiene la gente que trabaja organizando para que el pueblo esté bien..? Tampoco, ¿qué es lo que tiene la palabra dignidad que ustedes les resulta inaguantable? Lo patético es que quienes les ordenan matar, primero siempre matar, comen con cubiertos de oro sin que les salpique la sangre ¡y ustedes matan jurando que se la están comiendo ustedes!

Así que hagan lo que ustedes quieran, que mientras los nuevos cantantes inventan la nueva canción yo seguiré cantando la del Terror:

Pero guardia ten cuidao / no te pegues de la acera / mira que la parte alta / tá infectá de tira mezcla
no resulte y vaya a ser / que tu mauser se te pierda / no resulte y vaya a ser / que te arranquen
                                                                                                                              la cabeza
                                                                                             Con rabia y mucha desconsideración
                                                                                                                                         H.


Pd. Sospecho que tendrán para matarnos hasta el día que haya más rabia que miedo, que recordemos que por más que sean ustedes, son pocos y que andan siempre asustados. Entonces no alcanzarán ni las funditas, ni una prensa mentirosa, ni el plomo y no sabrán lo que les vino encima, porque serán nuestros nombres todos nuestros vivos y nuestros muertos. Pero al final, y mientras tanto, me sigo preguntando ¿qué haremos, asesinos, con sus manos?


                                                                   ...no resulte y vaya a ser
                                                                                                      que te arranquen
                                                                                                                                la cabeza.

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